17 mar. 2012

La resaca de la FILEY

Por Raúl H. Pérez Navarrete

Recuerdo que hasta hace no mucho tiempo disfrutaba de la feria municipal del libro que cada año se realiza en esta ciudad, sin embargo, pronto dejó de interesarme ante la falta de novedades editoriales. La llegada de una sucursal de librerías Gandhi amplió la oferta de libros y volvió a la feria un poco más atractiva, al menos durante un breve periodo. Es por eso que la realización de la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán me resultó un evento fresco e incluso emocionante. No sólo fue notable la presencia de numerosas editoriales sino también los eventos que incluyeron la presencia de personalidades como Denise Dresser y los moneros Jis, Trino y Rius.





Mientras preparaba estas líneas descubrí el acertado artículo que el maestro Jorge Cortés Ancona publicó hoy en las páginas de Por esto!. Debo decir que me sorprendió gratamente la mención que hace de los encuentros con personas conocidas en las actividades de la FILEY: además de la las presentaciones y la adquisición de libros, disfruté muchísimo del evento pues sirvió de escenario para saludar y reencontrarme con viejas amistades a las que por diversas circunstancias ya no veo con tanta frecuencia.

Quisiera tener la habilidad de retratar a través de una buena crónica mis experiencias en la FILEY, puedo, no obstante, rememorar de manera sencilla algunos episodios que llamaron mi atención como ver a Rius caminando tranquilamente en los pasillos o escuchar a Elena Poniatowska decir "Arriba López Obrador" al doblar una esquina y toparse con el stand de la revista Proceso. Otro momento interesante fue cuando escuché a una chica preguntarle a su madre si podían aproximarse a un stand cercano; ante la mirada de la mujer, la chica prometió que sería el último, "¿ya estás cansada?". La madre simplemente sonrió comprensiva ante la evidente pasión de su hija por los libros (¿cuántos más habían recorrido?, ¿qué buscaban?).

La escena anterior, por fortuna, no fue un episodio aislado: niños y adolescentes acompañados por sus padres (muchos de ellos también lectores) revisando la oferta de las diversas editoriales (grato fue igualmente atestiguar la presencia de varios de mis alumnos). El número de asistentes, como lo señala en su artículo el maestro Jorge Cortés, fue también notable pues había público de todas las edades y, curiosamente, en "horario inusuales".

Como toda empresa que inicia, los tropiezos son inevitables y esto se atestiguó en los "errores de programación, situaciones imprevistas, desajustes de horarios y negligencias deliberadas o involuntarias". Aún así, todo parece indicar que la FILEY superó las expectativas por lo que es alta la probabilidad de que nuevamente se realice. Este hecho, en definitiva, es una bendición.

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