18 ene. 2012

Los límites de la libertad de expresión



Por Raúl H. Pérez Navarrete

Abordar el tema de la libertad de expresión y los límites de esta es siempre un asunto espinoso. ¿Cómo determinar las fronteras de la recurrente frase “mi libertad termina donde empieza la de los demás”? Lo anterior viene a cuento por dos noticias que han surgido en las últimas horas. La primera proviene de los Estados Unidos en donde una joven atea demandó a su escuela al considerar que esta violaba la laicidad de dicha institución, mientras que la segunda se refiere a la mofa que el comediante “Platanito” hizo de la tragedia de la guardería ABC de Sonora donde fallecieron 49 niños en el 2009.


Jessica Ahlquist



En las últimas horas llamó mi atención el resultado de una demanda hecha por una joven estadounidense en contra de su preparatoria por violentar la relación Iglesia-Estado. Jessica Ahlquist es actualmente una adolescente atea de 16 años que hace año y medio demandó a su escuela por la presencia de una plegaria en uno de sus muros desde la década de los años 60. Después de recibir atención mediática y de ser apoyada por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, Ahlquist se convirtió en una pequeña celebridad entre varios grupos ateos y en la persona más odiada por sus compañeros de clase. Jessica fue nuevamente noticia esta semana al ganar la demanda. El hecho no deja de ser notorio pues tuvo lugar en un país cuya paranoia y prepotencia generó durante la Guerra fría la inclusión de la frase “En Dios confiamos” en sus billetes y “al amparo de Dios” en su juramento a la bandera. Jessica Ahlquist consideró que la plegaria violaba la laicidad de su escuela y que además era ofensiva para los ateos y para los creyentes de otras doctrinas. Alhquist creyó que “si no te gusta no lo veas” no era suficiente.


“Platanito”


Algunas personas como mi amigo cercano Miguel Civeira aseguran que “Platanito” (nombre artístico de Sergio Verduzco Rubiera) tiene derecho a decir lo que quiera y nadie puede pedir que lo corran de su trabajo pues se trató de un “chiste”; otros, como el colaborador de Animal político Piolo Juvera, alegan que “en el humor, como ejecutor o consumidor, cada quien pinta la línea de lo aceptable donde le parezca adecuado”, cada quien es libre de apagar su televisor. En el primer caso encuentro dos problemas: la minimización de la “broma” y la negación del derecho de otros de expresarse libremente tal como lo hizo el presentador de TV; en cuanto al segundo caso, este genera invariablemente la pregunta ¿hasta qué punto “si no te gusta no lo veas” es suficiente aquí como acción?

No sé si pedir la salida del aire del programa sea la medida adecuada, no obstante, sí considero que una sanción debería ser impuesta de alguna forma y, sobre todo, que este hecho debería mover a la reflexión de aquello que yace detrás de este tipo de humor: el ofensivo comentario del presentador de televisión no es muy distinto a los comentarios de las llamadas “ladies de Polanco”, el “retuit” de Paulina Peña Pretelini o al reciente video del “gentleman de las lomas”. En el fondo estas situaciones develan el entramado de la psique de muchos mexicanos y sus consecuentes formas de conducirse en la sociedad. Ya lo ha dicho de mejor manera el poeta y colaborador de Por esto! José Díaz Cervera al afirmar que la insensibilidad de “Platanito” “es la mejor prueba de lo que es este país”.

2 comentarios:

Ava María dijo...

Al menos vive y late el coraje de denunciarlo...Bravo por ti! y quien te siga.

Raúl H. Pérez Navarrete dijo...

Hola, Ava María, muchas gracias por el comentario.

Saludos.

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